Uno de los momentos más destacados de la jornada de lanzamiento del proyecto FORTALECE fue la mesa de debate titulada “¿Es posible una gestión de los pinares andaluces para producir madera de calidad y conservar el monte?”, moderada por Javier Calvo, responsable del Área de Economía Forestal de CESEFOR.
La respuesta de todos los participantes fue clara y unánime: sí, es posible compatibilizar la producción de madera de calidad con la conservación de los ecosistemas forestales. Sin embargo, también coincidieron en que para lograrlo es necesario superar importantes barreras técnicas, económicas y administrativas que actualmente dificultan la gestión activa de muchos montes andaluces.
La mesa reunió a Marian Núñez, representante de la Asociación de Propietarios Forestales de Andalucía Oriental; Dolores Gotarredona Carrasco, jefa de Departamento de Planes de Ordenación y Aprovechamiento de la Junta de Andalucía; Raúl Sánchez-Salguero, investigador del Laboratorio Dendrolavide de la Universidad Pablo de Olavide; y Pedro A. Tíscar, ingeniero forestal y doctor en Biología del Centro de Capacitación y Experimentación Forestal de la Junta de Andalucía.
Dolores Gotarredona defendió la necesidad de incorporar de forma explícita la selvicultura orientada a la producción de madera de calidad en los instrumentos de planificación forestal. Según explicó, los planes de ordenación deben contemplar actuaciones dirigidas a favorecer árboles de porvenir capaces de generar productos de mayor valor añadido en el futuro. Asimismo, destacó el papel de la certificación forestal sostenible como herramienta para mejorar el posicionamiento de la madera en el mercado y garantizar que la gestión forestal se desarrolla bajo criterios ambientales, sociales y económicos adecuados.
Desde la perspectiva de los propietarios forestales privados, Marian Núñez puso sobre la mesa una realidad que condiciona cualquier estrategia de gestión: la escasa rentabilidad económica de muchas explotaciones forestales privadas. Durante su intervención señaló las dificultades que encuentran los propietarios para gestionar activamente sus fincas y alertó sobre la influencia que ejercen los precios de la madera procedente de montes públicos en el mercado. Según explicó, los bajos precios actuales dificultan la realización de inversiones selvícolas orientadas a producir madera de calidad a largo plazo. “La inversión y el gasto se destina casi en su totalidad al monte público y el riesgo del abandono de la parte privada es muy grande y se necesitan líneas específicas”, añadió Marian Núñez.
Esta preocupación fue compartida por varios propietarios presentes en el debate, quienes insistieron en que resulta difícil plantear actuaciones de mejora cuando los ingresos obtenidos por la venta de madera apenas compensan los costes de gestión. Propietarios asistentes reclamaron estudios económicos que permitan analizar la viabilidad real de los distintos modelos de gestión forestal y cuantificar los beneficios asociados a la producción de madera de calidad.
Pedro A. Tíscar defendió que la gestión forestal puede orientarse hacia la producción de árboles de porvenir capaces de generar productos de alto valor añadido. A su juicio, el futuro de muchos montes madereros pasa por abandonar modelos basados exclusivamente en la producción de grandes volúmenes de madera de bajo valor y avanzar hacia sistemas que maximicen la calidad del recurso.
También destacó la importancia de aplicar estrategias de aprovechamiento en cascada de la biomasa, reservando la mejor madera para los usos más nobles y destinando los subproductos a aplicaciones energéticas o industriales. Según señaló, la rentabilidad derivada de estos aprovechamientos es un elemento esencial para garantizar la continuidad de la gestión forestal y, por tanto, la conservación de los propios ecosistemas.

Por su parte, Raúl Sánchez-Salguero presentó los trabajos que el Laboratorio Dendrolavide está desarrollando en Andalucía para evaluar el potencial de los montes productores de madera de calidad. El investigador destacó los ensayos de selvicultura que se están llevando a cabo en distintas masas forestales andaluzas y explicó cómo las nuevas técnicas de caracterización de la madera en pie permiten identificar las zonas más adecuadas para desarrollar este tipo de gestión y los resultados de la misma.
Según expuso, proyectos como REVIERTE y ahora FORTALECE están generando información clave para orientar estas actuaciones y reducir la incertidumbre asociada a las inversiones forestales de largo plazo.
“La respuesta es sí. Las herramientas existen. El conocimiento existe. Lo que falta es aplicarlo”, fue una de las conclusiones que resumió el espíritu de su intervención.
Uno de los aspectos más interesantes del debate fue la reflexión planteada por varios participantes acerca de la relación entre conservación y aprovechamiento forestal.
Tanto técnicos como gestores y propietarios coincidieron en señalar que la protección efectiva de los montes no depende únicamente de restricciones o figuras administrativas de conservación, sino también de la existencia de actividades económicas capaces de generar valor a partir de los recursos forestales.
En este sentido, se defendió que la producción de madera de calidad puede convertirse en una de las herramientas más eficaces para mantener vivos los territorios forestales, favorecer la creación de industria, fijar población y financiar las actuaciones de gestión necesarias para mejorar la resiliencia de los montes frente a amenazas como los incendios forestales o el cambio climático.
La conclusión compartida por los participantes fue que la conservación y el aprovechamiento no son conceptos opuestos. Al contrario, la gestión forestal activa, basada en la producción de recursos de alto valor añadido, puede convertirse en uno de los principales aliados para garantizar el futuro de los pinares andaluces.